Afrodisiaco - Viajes a TurquíaAFRODISIAS

Afrodisias, la ciudad consagrada al culto de Afrodita (diosa del amor), situada en una meseta a 600 metros de altura, es una de las ciudades con más encanto de la antigüedad.

El sitio sobre el que se asienta fue uno de los primeros lugares habitados de Anatolia. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz abundantes objetos de la época del Neolítico y Calcolítico. Desde la más remota antigüedad existió en este lugar algún tipo de culto a la diosa Madre de la Fertilidad, asociada por sincretismo con la diosa Ishtar, cuyos atributos fueron finalmente asignados a Afrodita, pasando el Santuario a ser conocido por el nombre de Afrodisias.

Afrodisias figura entre las ciudades de Caria, aunque no pertenezca exactamente a ella. El historiador Bizantino, Stefano (siglo VI) indica que el nombre de esta ciudad es “Ninoé”, que procede de Ninos, dios del amor y la guerra entre los asirios y babilonios. Se supone que el nombre Ninoé es sustituido por el de una diosa equivalente a Afrodita sobre el siglo II a.C., hacia finales del periodo helenístico.

A pesar de su posición estratégica y de su proximidad a las principales rutas comerciales, Afrodisias fue durante muchos siglos un santuario. Será bajo el poder de Roma cuando el enclave, considerado un territorio sagrado, obtenga importantes privilegios. Los romanos sintieron una especial predilección por Afrodisias. Eneas -el fundador mitológico de Roma- héroe de Troya era hijo de Afrodita (Venus)
Tras la victoria de Roma sobre Mitridates VI en el año 74 a.C. la lealtad de Afrodisias hacia Roma será largamente recompensada; Mitridates “el Grande” rey del Ponto fue uno de los grandes enemigos de Roma en Asia Menor que exitosamente luchó contra tres de los más grandes generales de la República: Sila, Luculo y Pompeyo. En el año 44 a.C., después del asesinato de César, la ciudad es saqueada por Labieno, uno de los partidarios de los asesinos, para castigarla por su lealtad hacia Octavio y Antonio, sin embargo pocos años mas tarde, en 39 a.C., esta lealtad es premiada por el triunvirato romano y le conceden privilegios especiales: autonomía, exención de impuestos y el derecho de asilo en el templo de Afrodita. Con el emperador Octavio Augusto las buenas relaciones entre Roma y Afrodisias continúan debido a Zoilos, un esclavo de Octavio que tras concederle libertad y fortuna vuelve a Afrodisias convirtiéndose en un importante mecenas. A partir del siglo I d.C., bajo los emperadores de la dinastía de Julio Claudia el interés y protección romanas continúan. En el año 22 d.C. Tiberio le renueva sus privilegios.

La ciudad prosperó hasta convertirse en un importante centro cultural y artístico bajo el Imperio Romano. El culto de Afrodita atrae a numerosos visitantes y peregrinos, y la fama de la Escuela de Escultura de Afrodisias se extiende por toca la cuenta del Mediterráneo llegando hasta Roma. Esculturas, sarcófagos, retratos, bajorrelieves realizados por célebres escultores se exportan hacia todos los lugares del Imperio Romano.

La crisis de Roma durante el Bajo Imperio (a partir del siglo III) también se nota en Asia Menor y las ciudades empiezan a perder riqueza, sin embargo. Afrodisias es por poco tiempo la capital de la provincia combinada de Caria y Frigia, pasando bajo el mandato de Diocleciano, en capital, solo, de una parte de Caria.

La difusión del cristianismo fue lenta y difícil, debido al arraigo del culto pagano a Afrodita, llegando en el siglo IV a ser sede de un Obispado. Bajo el Imperio Bizantino la ciudad experimentó ciertos cambios: el Templo de Afrodita fue convertida en basílica cristiana, el nombre de la ciudad sustituido por el de Sevropolis (“la ciudad de la cruz”) para romper su vinculación con el culto pagano y sufrió la acción de varios terremotos, siendo el de mayor violencia el que tuvo lugar bajo el reinado del emperador Heraclio (610-641) que devastó la ciudad y causó importantes datos a los edificios de la ciudad, que nunca llegaron a ser restaurados. Sus habitantes se retiran a la acrópolis. Las huellas arqueológicas indican en el siglo XI un cierto desarrollo. Durante los siglos XII y XIII fue asediada por los turcos selyúcidas. A partir de finales del siglo XIII toda la zona pasa a pertenecer a la dinastía turca llamada de los emires “Mentese”, y finalmente al Imperio Otomano.

Afrodiasias aparece hoy en todo su esplendor gracias a la excelente conservación y restauración de sus monumentos: teatro, odeón, estadio, tetrapylon..;esplendor que se ve acentuado por el bello paisaje que lo rodea.

El Tetrapylon. Puerta monumental edificada en el siglo II, de increíble belleza. Reconocida como una de las obras maestras del arte de la época y uno de los monumentos más originales y bellos de Turquía; restaurada con todo primor, constituye una de las joyas de Afrodisias.

El Teatro. Perfectamente conservado, en cuya construcción se empleo mármol como único material, fue inicialmente edificado durante el periodo helenístico y modificado por Marco Aurelio (161-180) para obtener mayor aforo en sus gradas, llegando a tener una capacidad para 10.000 personas. Siglos mas tarde fue transformado por los bizantinos en una gigantesca “torre” para proteger la acrópolis

El Odeón. Edificado a finales del siglo II y reconstruido en el siglo IV por Flavio Ampelio, un acaudalado ciudadano de Afrodisia. El edificio se conserva en muy buen estado; se compone de una serie de gradas, una orquesta de mármol y una escena profusamente decorada.

El Estadio. De dimensiones extraordinarias, se conserva en perfecto estado incluidos los muros de apoyo, aunque está parcialmente enterrado. Originalmente tenía una pista de 250 x 34 m y sus 22 filas de gradas podían albergar a más de 20.000 espectadores.

El Sebastión. Complejo religioso de extraordinaria belleza, dedicado al culto de Augusto, con estructuras añadidas durante reinados de los emperadores Claudio y Nerón.

El Museo. Especial atención mereces su magnífico Museo que recoge hallazgos procedentes de las excavaciones de Afrodisias realizadas a partir de 1961. Exhibe esculturas, estatuas y bajorrelieves desde la época arcaica hasta la bizantina, y sarcófagos de mármol bellamente decorados con guirnaldas y máscaras, tallados en la famosa “Escuela de Afrodisias”.

antalya viajesturquiaANTALYA

En el golfo de Antalya, uno de los mayores de la costa turca, se halla la bella ciudad de Antalya, uno de los centro turísticos más importantes de Turquía. La parte más antigua de Antalya es la zona que rodea el puerto, y cuenta con monumentos de distintos períodos: helenístico, romano, bizantino, selyúcida y otomano, así como el pintoresco barrio de Kaleiçi formado por calles estrechas y tortuosas, con viejas casas de maderas construidas sobre la antigua muralla de la ciudad. Su Museo Arqueológico custodia una de las colecciones más interesantes y atractivas de toda Turquía; en él pueden verse restos de todas las civilizaciones anatólicas (aunque se centra en la región de Antalya, junto con Licia y Pisidia).

El origen de Antalya se remonta al período Helenístico. Durante el cual el Reino de Pérgamo llegó a dominar toda la región occidental de Anatolia. Átalo II (159 – 138 a.C.) en el primer año de su reinado, concibió la creación de una ciudad a la que llamó Attaleia (en su honor), protegiéndola con poderosas murallas, con el propósito de establecer una sólida base para su poderosa flota naval y convertirla en el mayor puerto de Pérgamo en la costa mediterránea. Átalo III, (138-133 a.C.) después de un corto reinado, legó su Reino a Roma.

Antalya, primero bajo el Senado, después bajo el Imperio continuó siendo un importante puerto de Anatolia. La ciudad creció y alcanzó su período de esplendor; fue visitada por el emperador Adriano en el año 130 -testimonio de su presencia es la Puerta de Adriano-. En esta segunda centuria también llegó a Antalya el cristianismo. Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de la presencia en esta ciudad de Pablo de Tarso. San Pablo y Bernabé también llegaron a Antalya, para desde aquí dirigirse por barco a Antioquia.

Bajo el Imperio Bizantino, Antalya continuó siendo una ciudad importante. Durante las Cruzadas, se convirtió en uno de los principales puertos para los caballeros cruzados, quienes, al desembarcar aquí, se evitaban tener que cruzar toda la Península de Anatolia.

A principios del siglo XIII, Antalya y toda la región cayó en manos de los trucos selyúcidas, dejando bellos ejemplos arquitectónico, como el minarete Yivli o “minarete estriado”, decorado con azulejos azul turquesa; convertido hoy en símbolo de la ciudad. Pasando a mediados del siglo XV a formar parte del Imperio Otomano.

Castillo Bodrum - Viajes a TurquíaBODRUM (Halicarnaso)

Entre el Mar Egeo y el Mediterráneo, en una hermosa bahía, se halla Bodrum, la antigua Halicarnaso, ciudad natal de Heródoto (uno de los grandes historiadores de la antigüedad), famosa en la antigüedad por albergar el “Mausoleo de Halicarnaso”, la majestuosa Tumba del rey Mausolo, construida en el siglo IV a.C., considerada en la Antigüedad una de las Siete Maravillas del Mundo convertida hoy en uno de los lugares más exquisitos y turísticos de Turquía.

Los orígenes de Halicarnaso (Bodrum) se remontan al siglo XI a. C; momento en que los dorios procedentes del Peloponeso se asentaron en una pequeña isla llamada Zephysia (que posteriormente se convirtió en península), colonizándola y fusionándose con la población autóctona, los carios.

Halicarnaso formó parte de la llamada Hexápolis doria, junto con Knidos, Kos y Lindos, Ramiros e Ialyssos (estas tres últimas, ciudades de Rodas), cuya asamblea se reunía periódicamente en el santuario de Apolo en Knidos. En el siglo VI a.C., Halicarnaso fue expulsada de la Confederación bajo el pretexto de que uno de sus atletas no había mostrado el respeto debido al dios; en realidad, era el carácter cada vez más jonio de Halicarnaso lo que ofendía a las otras cinco ciudades.

En el siglo V a.C. las ciudades griegas del Asia Menor, fueron víctimas del expansionismo del Imperio Persa Aqueménida. Halicarnaso consiguió conservar una considerable autonomía. Finalmente la satrapía de Caria recayó en manos de los hecatomníos, una poderosa y endogámica dinastía persa. El más destacado de sus gobernantes fue Mausolo (377- 353 a.C.). Admirador de la civilización griega, Mausolo no escatimó esfuerzos para helenizar sus ciudades y concibió la construcción, en Halicarnaso (capital de su reino) de una imponente tumba que hiciera honor a su grandeza (de ahí procede el término “mausoleo”). Cuando le llegó la muerte, se hallaba inmerso en la edificación de esta magna obra, llevada a termino por su esposa y hermana Artemisia II; pasando a ser considerada en su tiempo una de las Siete Maravillas del Mundo.

La llegada triunfal de Alejandro Magno, en el año 334 a.C., coincidió con una disputa entre los herederos de la reina Artemisia. Los ejércitos macedonios causaron tales estragos que la ciudad no llegó a recuperarse nunca totalmente y su población se dispersó por toda Caria durante el caos que reinó en los siguientes 200 años.
Tras un período poco brillante bajo los Imperios Romano y Bizantino, en 1402 los Caballeros de San Juan procedentes de la isla de Rodas llegaron a Halicarnaso y edificaron un impresionante castillo. Emplearon en su construcción a los mejores ingenieros militares de la época y materiales provenientes del cercano Mausoleo. En el 1523 cayó en manos de Solimán el Magnífico. Siglos más tarde el castillo quedó abandonado hasta el siglo XIX, cuando la capilla fue transformada en mezquita, su torre del Homenaje en prisión y se construyó un hamman (baño).

El termino “bodrum”, significa «sótano» o «mazmorra» en turco, y obviamente alude a las defensas subterráneas de la fortificación que los Caballeros Cruzados construyeron en la ciudad; convertida hoy en seña de identidad de la moderna Bodrum.

ÇANAKKALE (Estrecho de los Dardanelos)

Çanakkale es una de las más bellas y ricas ciudades portuarias de Turquía, situada en la costa sur (la asiática) del Estrecho de los Dardanelos, ubicado entre Europa y Asia, que comunica el mar Egeo con el mar interior de Mármara, y que hoy recibe su nombre.
Esta bella ciudad cuenta con un precioso puerto deportivo, un interesantes castillo otomano, Çimenlik convertido hoy en un Museo Militar dedicado a la Batalla de Çanakkale de 1915, una de las más famosas batallas de la Primera Guerra Mundial y un excelente Museo Arqueológico.

Su origen hay que buscarlo en la fortaleza otomana que a mediados del siglo XV construyó en el lugar el Sultán Mehmet el Conquistador. Esto unido a la fama que adquirió su alfarería dio nombre a la ciudad “Çanakkale”, del turca “çanak”, cerámica y “kale”, fortaleza.

El Estrecho de Çanakkale, antaño Estrecho de los Dardanelos, es el mítico Helesponto de la Grecia Clásica. Su nombre “Helesponto” significa “Mar de Hele” por ser en este lugar donde según la mitología griega Hele cayera mientras huía junto a su hermano Frixo volando a lomos del carnero del vellocino de oro para escapar de una muerte segura a manos de su padre.

Su posición estratégica entre Oriente y Occidente convirtieron a este estrecho en escenario de relevantes hechos históricos. Durante la Segunda Guerra Médica, el rey persa Jerjes ordenó la construcción de dos puentes de barcas por los que en el año 480 a.C. su inmenso ejército con más de 250.000 hombres atravesó el Helesponto de camino a Grecia. Posteriormente, en el 334 a. C. el ejercito macedonio al mando de Alejandro Magno lo cruzó, dando inicio a la creación de su gran imperio por Asia.
El Estrecho de los Dardanelos fue vital para el Imperio Bizantino y también para los Otomanos. En 1451, el Sultán Mehmet II “el Conquistador”, conocedor de la importancia estratégica del Estrecho y con el propósito de asegurar su dominio total sobre Estambul (que conquistaría poco después), ordenó edificar una fortaleza a cada lado del Estrello para controlar su paso.

Durante la Primera Guerra Mundial, en marzo de 1915, tuvo lugar la Batalla de Galípolis (o de los Dardanelos), en la que tropas británicas, francesas, australianas y neozelandesas intentaron, sin éxito, arrebatar el control del estrecho a los turcos.

 ESMIRNA (Izmir)

La ciudad portuaria de Izmir, situada en el interior de una hermosa bahía rodeada por verdes colinas, se ha convertido en las últimas décadas en una metrópolis moderna. Después de Estambul es la segunda ciudad de Turquía en importancia económica gracias al movimiento de su puerto y a su intensa actividad industrial, y según cuenta la tradición el lugar de nacimiento de Homero.

Asolada por violentos terremotos a lo largo de los siglos, Izmir ha conservado su prosperidad gracias sobre todo a la actividad comercial de su puerto, que siempre ha sido una etapa obligada en las rutas que comunican Oriente con Occidente. De su pasado histórico dan testimonio el Agora edificada durante el periodo helenístico y ampliada bajo el Imperio Romano (siglo II) y su excelente Museo Arqueológico, que exhibe obras procedentes de la excavaciones realizadas en Esmirna, Efeso, Pérgamo, Mileto, Afrodisias, Teos; Iasos, etc.

En el siglo X a. C se instalaron aquí colonos griegos procedentes de la isla de Lesbos. El lugar fue ocupado hacia finales del siglo IX por los junios, iniciando un largo periodo de prosperidad económica y desarrollo cultural. Más tarde permaneció bajo el control de numerosos tiranos locales hasta que en el año 334 fuera conquistada por Alejandro Magno, que encomendó a su lugarteniente Lisímaco la tarea de fundar una nueva ciudad en las laderas del monte de Pagos, en cuya cima fue construida una fortaleza.
Tras la muerte de Alejandro Magno, la división de su Imperio permitió a los seleucidas apoderarse de toda la región, pero a partir del año 27 a. C con el reforzamiento de la dominación romana en Anatolia, la ciudad conoció una nueva fase de florecimiento, durante la que se construyeron en ella espléndidos monumentos de los cuales.
En el año 178 la ciudad fue destruida por un violento terremoto, tras el cual el Emperador Marco Aurelio ordenó su reconstrucción y tras convertirse en importante sede episcopal en tiempos de Constantino comenzó una lenta decadencia agravada también por las incursiones de los árabes.

Fue asediada por los turcos selyúcidas, que tras la derrota del Imperio Bizantino en el año 1071 la ciudad fue tomada en 1076, y posteriormente utilizada como base de partida para realizar incursiones en el mar Egeo. Habiendo caído de nuevo en manos de los bizantinos fue cedida a los genoveses durante la dominación latina de Constantinopla (1204 – 1261) y de nuevo tomada por los turcos en 1320. A partir de ese momento se convirtió en feudo de los Caballeros de Rodas hasta que en el año 1473 fue saqueada por las tropas de Tamerlán, que masacraron a sus habitantes. Posteriormente fue anexionada de forma definitiva al Imperio Otomano por Mohamed I.
En época más reciente, Esmirna fue el escenario del último acto de la dramática guerra turco-griega (1921-1922) cuando el 9 de Septiembre de 1922 el ejército griego en retirada abandonó la ciudad en llamas a las tropas de Atatürk.

FASELIS (Phaselis)

En una pequeña península de la costa mediterránea de Anatolia, al Sur de Antalya, se hallan las ruinas de época romana de la antigua ciudad portuaria de Faselis, que se extiende a los pies de Tahtah Dagi, cerca de un promontorio que, adentrándose en el mar, forma tres ensenadas utilizadas en otro tiempo como puertos, nido de piratas hasta su anexión por Roma.

El yacimiento aún conserva la belleza natural del lugar. En un bosque de coníferas que llega hasta el mar se hallan esparcidos construcciones romanas y bizantinas: el acueducto romano, puerto central, la avenida principal, las termas, el gimnasio, el ágora de Adriano, la basílica bizantina, el teatro romano, el puerto sur…

Su fundación se atribuye a colonos rodios en el s. VII a. C. Según la leyenda, esta tierra, situada en el extremo oriental de Licia, fue vendida a colonos griegos procedentes de la isla de Rodas por un pastor licio a cambio de maíz y pescado seco, iniciando la construcción de una ciudad con tres puertos y su acrópolis; hecho ratificado por la presencia de inscripciones escritas en una variedad rodense del dialecto dorio. Sus habitantes fueron grandes comerciantes y la ciudad prosperó rápidamente; de sus puertos se exportaba madera y rosas destinadas a la fabricación de perfumes; hay pruebas que demuestran que sus relaciones comerciales llegaron hasta Egipto. En determinados momentos de su historia supieron sacar beneficios de sus puertos naturales, convirtiéndolos en refugio de piratas.

Phaselis, como el resto de Asia Menor, fue anexionada al Imperio Persa en el siglo VI a.C. permaneciendo hasta el 469 a.C. cuando el general ateniense Cimon los “liberó” con esfuerzo, pasando a formar parte la ciudad de la Liga de Delos.

En el siglo IV a.C, Phaselis demostró su autonomía al ofrecer ayuda a Mausolo, el sátrapa de Caria, en su intento de some¬ter a los Licios. En el año 333 a.C. cuando Alejandro Magno extendía su imperio por Anatolia, la ciudad de Phaselis le recibió con sus manos abiertas, ofreciéndose como lugar para pasar el invierno y le obsequio una corona de oro, todo ello a cambio de su protección. Dos siglos más tarde, en el año 167 a.C. se convirtió en miembro de la Federación Licia y llegó a acuñar moneda. En el siglo I a.C. fue tomada por los famosos piratas cilicios, cuya ocupación sumió a sus habitantes en la pobreza.

En el año 42 a.C. Bruto la anexionó a Roma, pasando a formar parte de la provincia Licia-Panfilia. Se inicia la reconstrucción de la ciudad y da comienzo un periodo de paz que durará trescientos años. El emperador Adriano visitó la ciudad en el año 129, erigiéndose en su honor estatuas, el ágora y una puerta monumental
Formó parte del Imperio Bizantino, manteniendo su puerto la importancia durante siglos. Fhaselis fue una de las ciudades que participaron en el Concilio de Caldeconia en el año 451, A lo largo del siglo VII padeció las incursiones musulmanas, pero logro sobrevivir. Perdió importancia después de la invasión de los selyúcidas, en el 1157, al quedar eclipsada por la ciudad de Antalya y debido a los terremotos que arruinaron la zona del puerto, perdiendo su función, comenzando su decadencia, quedando abandonada por completo a principios del siglo XIII.

Hierapolis viajesturquiaHIERAPOLIS

Las propiedades terapéuticas de las aguas termales de Pamukkale y la extraña apariencia de los manantiales se conocían antes de que los reyes de Pérgamo fundaran Hierápolis, en época de Eumenes II (s. II a. C.).

Durante el periodo Helenístico la ciudad se hizo famosa no sólo por su balneario sino también por sus tejidos. En el año 133 a. C. pasó a formar parte de lla poderosa Roma, junto con el resto del Reino de Pérgamo, y prosperó rápidamente gracias a la industrial de la seda y los metales, además de la riqueza generada por su balneario. Hierápolis gozó del favor de los emperadores romanos, especialmente después de los catastróficos terremotos de los años 17 y 60 d. C.; al menos tres emperadores la visitaron. La ciudad alcanzó su cenit entre 196 y 215.

En tiempos del emperador Teodosio (finales del siglo IV d. C) Hierápolis fue dotada en un sistema de fortificación.

La presencia de una floreciente comunidad judía contribuyó al rápido establecimiento del Cristianismo. Hierápolis aparece mencionada en la Epístola de Pablo a los (vecinos) Colosenses, y tradicionalmente se cree que el apóstol Felipe fue martirizado en Hierápolis, junto con sus siete hijos. Sin embargo, al igual que en Afrodisia, el paganismo se aferró hasta entrado el siglo VI, cuando un obispo fanático ordenó la aniquilación de los focos que aún quedaban del antiguo culto y la fundación de casi 100 iglesias, algunas de las cuales todavía pueden verse.

Hierápolis sufrió un período de oscuridad a final de la época bizantina, herida por ataques árabes y turcomanos. Tras la llegada de los selyúcidas (en la década del 1100) la ciudad fue abandonada y no volvió a ser recuperada para la cultura occidental hasta que empezaron las excavaciones de los italianos en 1957. En 1939 George Bean hacia referencia a un paisaje muy similar al que habían descrito los viajeros románticos del siglo XVIII. Sólo ocho décadas han bastado para recuperar, no el esplendor monumental, pero sí el auge comercial que tuvo Hierápolis en tiempos de los romanos.
Las magníficas ruinas de la antigua ciudad greco-romana de Hierápolis, restauradas recientemente por una misión arqueológica italiana y su impresionante necrópolis, una de las mejores del mundo clásico con más de 1.200 tumbas (entre túmulos, sarcófagos y panteones) pertenecientes a los periodos helenístico, romano y cristiano primitivo, convirtiéndola en la necrópolis más grande de Anatolia, hacen imprescindible una visita pausada del lugar. Recorriendo su calle principal, puertas, teatro, termas, basílicas, lugar del martirio del apóstol Felipe y la necrópolis.

Calle Principal. Probablemente lo más interesante de la ciudad sea su calle con columnas, que antiguamente se extendía durante casi 1 km desde una puerta que había a 400 m al sureste de la piscina sagrada hasta otra abertura de la muralla norte. Esta avenida, paralela al borde de la altiplanicie, dividía desigualmente el plano en forma de parrilla de la ciudad griega y sus extremos se cerraban con dos puertas monumentales, fuera de la muralla.

Teatro. Se halla en un estado excepcional pues conserva incluso las construcciones del escenario y sus elaborados relieves. El teatro fue construido en una ladera de la colina, probablemente en época Flavia, en el 62 d. C, después del terremoto del año 60 d.C.. Se encontraba en construcción durante el período de Adriano (117-138 d C) y fue terminado en el año 206 d C, durante el período de los emperadores Severo. Su cavea (gradas) consta de 50 filas de asientos divididos en 7 segmentos por 8 escaleras. En 352 d. C, la orquesta fue probablemente transformada para poder albergar espectáculos acuáticos. Las excavaciones revelaron que un gran número de estatuas había embellecido la escena del teatro. Los frisos del teatro cuentan con escenas mitológicas: el nacimiento de Apolo y Artemisa, y las ceremonias religiosas celebradas en honor de ellos.

MILETO

En la costa egea de Anatolia, al final de la llanura del río Meandros se hallan los restos de la que fue una de las ciudades más poderosas y famosas de Asía Menor, Mileto; cuna de matemáticos, historiadores, filósofos y arquitectos.

Hoy sus ruinas griegas y romanas no hacen justicia a su poder y fama del pasado, sin embargo su impresionante teatro en excelente estado de conservación con capacidad para 15.000 espectadores, las espléndidas termas de Faustina, la Vía Sacra que en otro tiempo unió la ciudad con el Oráculo de Apolo en Didyma, el ninfeo, el bouleuterion, el castillo bizantino del siglo VIII,… aún nos permiten bucear en su gloriosa historia.
Los primeros asentamientos en Mileto se remontan a la Edad del Bronce; excavaciones arqueológicas han descubierto restos de un asentamiento creto-micénico del siglo XVI a.C. En el siglo XI a.C. los griegos jonios se asentaron en la desembocadura del río Meandros llegando fundar su polis, una de más importantes de Asia Menor, que llegó a contar con cinco puertos. El comercio marítimo trajo riqueza y poder a Mileto, que llegó a convertirse en la más grande y más rica de las doce ciudades jónias de la costa del Mar Egeo.

En el siglo VII a.C. la polis de Mileto comenzó su primera época de esplendor, que duraría más de 200 años. Durante los siglos VII y VI a.C. prosperó económicamente gracias a su ubicación respecto de las grandes rutas comerciales de Anatolia y a sus puertos bien protegidos, sus actividades comerciales llegaron hasta Egipto y al Mediterráneo occidental; fundó a su vez numerosas colonias en las costas del mar de Mármara y del mar Negro. Este desarrollo económico estuvo acompañado por un brillante florecimiento intelectual que gracias a destacados eruditos que en ella nacieron, como Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Hipódamo y otros, tuvo un gran eco cultural en todo el mundo antiguo.

Fue capaz de hacer frente a los ataques de los lidios. Aunque en el 449 a.C. decidiera aliarse con el Imperio Persa; consiguió de ellos unas condiciones ventajosas que aprovechó para apropiarse del Santurario de Didyma. Sin embargo, presionada por los atenienses rompió sus relaciones con Persia, entre los años 500 y 494 a.C., encabezó la fracasada rebelión de las ciudades jonias. Darío castigó se-veramente a Mileto, y sus tropas masacraron a sus habitantes y arrasaron la ciudad. Cincuenta años después, Mileto fue reconstruida a cierta distancia de su ubicación original, según un proyecto del gran urbanista Hipódamo, que se convirtió en modelo a seguir durante siglos.
La victoria de Alejandro Magno sobre los persas, “liberó” a la ciudad. Siglos después con la llegada de los romanos Mileto recuperó parte de su antiguo esplendor. Se construyeron importantes monumentos, fruto de la prodigalidad de varios emperadores, llegando a ser en una de la ciudades romanas más importantes de Asia Menor.
Bajo el Imperio Bizantino se convirtió en sede episcopal y arzobispal. En es siglo VI allí nació, Isidoro, uno de los grandes arquitectos de la Iglesia de Santa Sofía de Estambul, sin embargo comenzó una decadencia lenta pero irreversible. Los aluviones del río Meandros fueron colmatando sus puertos, que progresivamente perdieron importancia, afectando gravemente a su actividad comercial. Esto y las sucesivas incursiones de los árabes marcaron el inicio de una decadencia lenta pero irreversible. Tras ser ocupada por los turcos selyúcidas en el siglo IX, atravesó un periodo de dominación bizantina durante la que recibió el nuevo nombre de Castro Palatio, en 1328 pasó a ser definitivamente musulmana bajo el dominio del emir de lMenteses, que reconstruyó el puerto. A partir del siglo XVI, éste quedó inutilizado, y la ciudad fue abandonada por la población.

pergamo viajesturquiaPÉRGAMO

Pérgamo, capital de uno de los reinos formados tras la desmembración del Imperio de Alejandro Magno fue sede de los reyes atálidas e importantísima ciudad en la antigüedad clásica. Fue, junto con Alejandría, el centro principal de la civilización helénística en Oriente y capital de la provincia romana de Asia. Conoció durante más de tres siglos una prosperidad económica que se tradujo en un florecimiento excepcional en el campo de las artes y la cultura. Arquitectos griegos y romanos supieron adaptar a la topografía del terreno la planificación urbanística de una gran capital con más de 160.000 habitantes.

La palabra “Pergamo” significa “ciudadela”, haciendo referencia a la acrópolis situada en la cima de una escarpada colina rocosa, a 335 metros de altura sobre el fértil valle del rio Selinus, surgiendo a sus pies a lo largo de la época romana y bizantina la antigua ciudad.

Su fundación se atribuye a los griegos eolios en el s. VIII a. C. No obstante su autentico nacimiento se remonta al año 334 a. C. cuando Pergamo pasó a formar parte el Imperio de Alejandro Magno. Lisímaco, uno de sus lugartenientes, construyó sobre la colina una fortaleza durante la conquista de Asia Menor e hizo depositar en ella un importante tesoro (9.000 talentos), confiando su custodia a su oficial Filetaro. Cuando en el año 281 a.C. Lisímaco fue derrotado por Seleuco en Siria, perdiendo la vida en la batalla, intentando controlar Asia Menor. Filetaro se apoderó del tesoro y reforzó su poder gracias a hábilidosas maniobras políticas con los pueblos vecinos convirtiendo Pérgamo en un reino independiente, dejando su patrimonio en herencia a su hijo adoptivo Eumenes I que, a su vez, consiguió derrotar al rey seléucida Antíoco I cerca de Sardis (262 a.C.), extendiendo aún más los dominios de Filetaro.

Eumenes I, generalmente reconocido como el fundador de la dinastía de Pérgamo, fue sucedido en el trono en el 241 a.C. por Átalo I (241-197 a.C.), aprovechando las rivalidades entre los pretendientes seléucidas, se aseguró la alianza con Roma, ampliando su dominio derrotando a las tribus gálatas. Durante su reinado comenzó la construcción de una serie de magníficos monumentos en la acrópolis (el Templo de Atenea, la famosa Biblioteca, el Altar de Zeus) y aumentó el poder económico y político de la ciudad sobre gran parte de la zona occidental de Asia Menor. Fue un rey astuto y su autoridad fue rápidamente reconocida.

Su hijo y sucesor, Eumenes II (197-159 a.C.) consolidó los logros de su padre. Se alió con Roma, enfréntandose con éxito a los Seleúcidas en la batalla de Magnesio (190 a.C.). Después Eumenes viajó a Roma y convenció el Senado de atacar a los gálatas. Mientras estaba allí, su hermano Atalo y los romanos sometieron a estos cerca de Ankara y firmaron el pacto de Apamea, que limitó los movimientos de los gálatas en Anatolia definitivamente. El tesoro que consiguieron de los gálatas era incalculable: no bastaron los barcos romanos y Atanias (el hermano menor) tuvo que ayudarlos con los barcos pergameños. Estos triunfos significaron el dominio de atálidas de Pérgamo en Asia Menor, llegando a controlar un vasto territorio que se extendía desde el Helesponto hasta Capadocia. Hizo de su capital uno de los centros más importantes del mundo helénico gracias al desarrollo del comercio por medio de la construcción, entre otros, de grandes almacenes que atrajeron a comerciantes de toda la cuenca del Mediterráneo,
Eumenes se dispuso a convertir Pérgamo en una gran ciudad. A él se deben impresionantes labores urbanísticas –las murallas de la acrópolis, el teatro, el gimnasio, se terminó la construcción del Altar de Zeus- y el desarrollo de la cultura, participando activamente en aumentó de la colección de la biblioteca de Pérgamo a través de los préstamos de otras bibliotecas que no devolvía, llegando a tener un catálogo con más de 200.000 volúmenes. Se dice, que incluso pagó por libros de Aristóteles y Teofrasto, con su peso en oro.

Durante los treinta y ocho años de su gobierno, Pérgamo se convirtió en una importante capital helenística emulando a la propia Atenas. Artistas, escritores, escultoras, científicos de todas partes del mundo se establecieron en Pérgamo. Los reyes Ptolomeos de Egipto, preocupados por la influencia cultural que había adqui-rido Pérgamo y alarmados por el crecimiento de su biblioteca que rivalizaba con la de Alejandría, prohibieron la exportación de papiro, de los que eran los únicos productores, intentando frenar de esta forma la expansión de la Biblioteca. En respuesta, Eumenes ofreció una recompensa a quién aportara un material sustitutivo del papiro. Así fue como surgió el pergamino hecho con la piel curtida de carnero o de cabra, lo cual llevó a la invención del códice o libro paginado, ya que no se podían enrollar los pergaminos de la misma forma que se hacía con los papiros; las palabras «pergamino», y la más arcaica «pergamen», derivan de Pérgamo. Hecho que permitió el enriquecimiento de su extraordinaria biblioteca.

El último rey de Pérgamo, Átalo III, (138-133 a.C.) estaba más interesado por la química (investigando venenos) que por la política. Unos siglos más tarde, Galeno (año 129-199 d. de C.) el famoso medico del Asclepion de Pérgamo, manifestó que los textos del rey Átalo III le ayudaron mucho en las investigaciones. A su muerte después de un corto reinado, dejo su Reino en herencia a Roma.

En el 133 a. C. el Senado Romano, tras acabar con una insurrección de los habitantes de Pergamo que no aceptaron el testamento de su rey, incorporó el Reino de Pergamo, comenzando así el asentamiento romano en Oriente.

Marco Antonio, en año 40 a. de C., saqueó la Bilioteca de Pérgamo, regalando a su amada Cleopatra sus más valiosos volúmenes, sin embargo la Biblioteca siguió siendo un punto de consulta hasta el siglo IV.

En el 20 a.C. Augusto visitó Pérgamo. Al emperador Tiberio (14-37) se debe la restauración de la ciudad. Pero fue bajo Vespasiano, Trajano y Adriano cuando la ciudad, surgida a los pies de la acrópolis, alcanzó su máximo esplendor, cubriéndose de monumentos de gran valor; el Asclepeion se convirtió en el centro curativo más famoso de la antigüedad y el Templo construido en honor del dios egipcio Serapis, en el punto central de la ciudad y sobre el río, con ladrillo rojo se convirtió en una de las construcciones romanas más grandes que ha llegado hasta nuestros días, considerada por algunos, una de las Siete Iglesias mencionadas en el Libro de la Apocalipsis por San Juan.

La ciudad llegó a alcanzar una población de 160.000 habitantes, que constituía un centro comercial y artístico de renombre.

Pergamo se convirtió en capital de la provincia de Asía, aunque con el paso del tiempo fue perdiendo prestigio en beneficio de otras ciudades, hasta que finalmente Éfeso se convirtiera en la capital de la provincia. Aunque durante siglos siguió considerada una de las más ilustres y ricas ciudades de Asia Manor occidental.

La decadencia de Pérgamo comenzó con la disgregación del Imperio Romano, momento a partir del cual, debido a la competencia de Petra y Palmira, el comercio con Oriente estaba disminuyendo de forma progresiva.

Bajo el Imperio Bizantino, se convirtió en sede episcopal y la fisonomía de la ciudad experimentó cambios sustanciales. El enorme tempo de ladrillo rojo dedicado a los dioses egipcios construido por el emperador Adriano (s.II) fue convertido en basílica bizantina……pasando a ser conocida como Basílica Roja. A principios del siglo VIII Pérgamo fue saqueada e incendiada por los árabe. A lo largo de esta centuria tanto el emperador León III, tanto León III, el Isaúrico (717—741), como Constantino V Coprónimo (741 – 775) derribaron muchos monumentos antiguos para recuperar materiales de construcción utilizados en las nuevas murallas.

En el año 1304 fue conquistada por los turcos selyúcidas, cayendo a mitad de siglo en manos del Solimán, pasando a formar parte del Imperio Otomano.

Priene viajes TurquiaPRIENE

En un marco de incomparable belleza, asentada en la escarpada ladera del Samsum Dagi, a los pies de un impresionante roca, se encuentran las ruinas de la antigua ciudad de Priene, una de las más atractivas colonias griegas de Asia Menor.

La ciudad que hoy vemos data del siglo IV a. C. y fue proyectada por Hipódamo de Mileto, imponiendo un innovador diseño urbanístico en forma de cuadrícula. Cuenta con interesantes monumentos: varios templos, entre los que destaca el Templo de Atenea atribuido a Pithios, uno de los constructores del famoso Mausoleo de Halicarnaso, el Teatro, el Pritaneo, el Ágora, el Bouleuterion (senado) el mejor conservado de toda Turquía, las ruinas del antiguo puerto, dado que la ciudad tenía salida al mar y viviendas de época helenística, que se encuentran entre las mejor conservadas que nos han llegado del mundo clásico; todo ellos protegido por un cinturón amurallado reforzado con cuatro poderosas torres, cuyo trazado se adapta a la topografía del terreno.
Su fundación se remonta al siglo XI a. C. cuando la presión demográfica que se produjo en Grecia debido al movimiento migratorio de pueblos indoeuropeos, los griegos se vieron forzados a emigrar hacia las costas de Asía Menor. El primer asentamiento, del que se desconoce su ubicación exacta, probablemente se situó en al antigua desembocadura del río Meandro. Fue una de las doce ciudades jónicas que constituyeron la Liga Jónica. Convirtiéndose en una de las ciudades más activas de la confederación jónica, además de una de las más prestigiosas gracias a las fiestas canónicas, celebradas en honor del dios Poseidón. Pasó en el 546 a. C. al Imperio Persa: periodo durante el que perdió importancia y fue objeto de disputa entre las ciudades de Mileto y Samos. En el año 494 a.C. Priene participó en la insurrección contra los persas (Revuelta Jónica) que dieron lugar a las Guerras Médicas entre las polis griegas y el Imperio Persa; consiguiendo en represalia la destrucción de la ciudad. En el 450 a. C., se adhirió a la Liga de Delos y quedó bajo influencia ateniense hasta mediados del siglo IV a. C.

A mediados del siglo IV a. C. la ciudad de Priene trasladó a su emplazamiento actual, en la empinada ladera sureste del monte Micala. Durante esta centuria, la ciudad de Prieme al igual que el resto de Anatolia, fue incorporada al Imperio Macedonio, siendo liberada del yugo persa. En el 334 a. C., Alejandro Magno visitó Priene, donde hizo una ofrenda en el templo de Atenea, y asedió Mileto. Tras su muerte, la ciudad estuvo sucesivamente bajo la influencia de los ptolomeos, de los seléucidas y de los reyes atálidas de Pérgamo.

A la muerte del rey Átalo III de Pérgamo, en 133 a. C., Priene fue incorporada, a la República romana. Tras un período de desórdenes ligados a la piratería, la ciudad encontró su tranquilidad a finales del siglo I a. C., sin embargo al haber desaparecido su acceso al mar (debido al cambio del curso del río Meandro) y por otra parte no haber recibido protección alguna por parte de los emperadores de Roma, la ciudad perdió poco a poco importancia comercial y vio reducir el número de habitantes. Bajo el Imperio Bizantino, Priene se convirtió en sede episcopal, pero la ciudad siguió decreciendo hasta finalmente ser abandonada en el siglo XII. Este es el motivo de que Priene haya llegado a nuestros días como una de las polis mejor conservadas de la costa Jonia.

simena---viajes-turquiaSIMENA (Kale)

La antigua Simena de origen licio, hoy semisumergida debido a un terrible terremoto acaecido en el siglo II, cautiva por sus sarcófagos “silados” emergiendo de unas aguas cristalinas, sus tumbas licias esculpidas en ladera de la montaña y el Castillo de los Caballeros de San Juan en la cima de la colina, sobre la antigua acrópolis licia, en cuyo interior se talló en tiempos romanos un pequeño teatro; el más pequeño de toda Licia.
La región de Kekova, en que se encuentra, fue declarada Área Especial Protegida en 1990, para proteger la riqueza natural, cultural y arqueológica de la Isla de Kekova y su costa circundante.

Su historia se remonta al siglo IV a.C. Simena fue una pequeña villa pesquera poblada por licios. La ciudad antigua constaba de dos partes: una isla y una parte de la costa. En la parte superior de la villa, se encuentra dominándola un castillo bien conservado, edificado por los Caballeros de Rodas, parcialmente construido sobre ruinas antiguas licias. Dentro del castillo, tallado en la propia roca, el teatro más pequeño de Licia. En el extremo Este de la villa encontramos una necrópolis licia con un grupo de preciosos sarcófagos de cara al mar y, rodeados de olivos.

termessos-viajes-turquiaTERMESSOS

Al noroeste de Antalya, perdida entre las cumbres de los montes Güllük (Montaña Rosa), a una altitud de 1.057 metros, se encuentra las fascinantes ruinas de la antigua ciudad de Termessos.

Entre encinas, quejigos, jaras y zarzales yacen semiocultos y desperdigados los restos de sus murallas, del propileo de Adriano, del gimnasio y de los baños, de los templos de Zeus y Artemisa, su ágora, cisternas, bolouterion, su impresionante teatro desde el que casi “se puede tocar el cielo” y su inmensa necrópolis rodeando a la ciudad (excepto por el Este) con impresionantes sarcófagos pétreos, diseminados por la ladera (siglos I al III d.C.) que responden a la tipología licia; algunos muy elaborados como la Tumba del León y otros de gran simplicidad y belleza, e incluso tumbas excavadas en la propia roca, como la Tumba de Alcetas (uno de los generales de Alejandro Magno que murió aquí en 319 a.C. a manos de Antígono durante las Guerras de los Diadocos).
A pesar de su proximidad a las tierras Licias, se halla en la antigua región de Pisidia (en el S-SE de Asia Menor). Los documentos más antiguos indican que la ciudad fue fundada por los písidios, durante el primer milenio antes de Cristo (pertenecientes a la misma tribu guerrera que colonizó la zona de los lados de Anatolia). Originalmente los habitantes de Termessos tomaron su nombre del cercano monte de Solymus (el actual Güllük Dag) y su lengua era un dialecto del pisidio.

La ubicación de la ciudad convirtió a Termessos en una inexpugnable “fortaleza” natural y su dominio de la ruta que unía el Mediterráneo con el Egeo fue hábilmente aprovechado por sus habitantes, cobrando impuestos aduaneros. Fueron estas formidables defensas naturales las que convencieron a Alejandro Magno de no tomar la ciudad.

Es mencionada por primera vez como ciudad perteneciente a la Liga ático-delia en el siglo V a. C. En 334 a. C., Alejandro Magno intentó infructuosamente su conquista, sin embargo la ciudad se helenizó rápidamente a lo largo del siglo III a.C. Durante los siglos III y II a. C. se conoce su enfrentamiento con la Federación Licia (por la posesión de la cercana ciudad licia de Isinda).

Termessos se encontraba dentro de los límites de la provincia romana de Panfilia y en el año 189 a.C., por obra del cónsul Vulsón, paso a soberanía romana. Un siglo después, durante la Guerra de la República de Roma contra Mitridates VI (rey del Ponto), la fidelidad de la ciudad Termessos hacia Roma fue premiada. El Senado romano en el año 170 a.C. firmaría con ella un Tratado de Amistad con Roma, quedando exenta de la jurisdicción del gobernador romano; esta independencia se pone de manifiesto en la ausencia en sus monedas de nombres o efigies de emperadores romanos.

La ciudad prosperó bajo el Imperio Romano, experimentando bajo los siglos II y III su época de mayor apogeo; emitió moneda hasta la época del emperador Severo (193 – 211 d.C.). Un terremoto acaecido en el año 243 causó graves daños en la ciudad, marcando el inicio del final. En el siglo V fue sede de un obispado que tenía bajo su jurisdicción las ciudades de Jovia y Eudocia. En esta centuria la ciudad fue asolada por un violento terremoto, quedando completamente abandonada.

La naturaleza venció al fin a la ciudad de Termessos, y lo abrupto del terreno y la vegetación ocultaron sus huellas durante siglos.

troya-viajes-turquiaTROYA

Troya, escenario de la guerra narrada en la Iliada por Homero en el siglo VIII a.C. Considerada durante siglos mera leyenda, fruto de la imaginación del rapsoda griego fue descubierta en el año 1868 por Henrich Schliemann, (“padre de la arqueología”) que obsesionado desde su infancia por aquellos legendarios lugares, empleo su enorme fortuna en excavar y excavar, siguiendo los datos aportados por el Homero, hasta finalmente descubrir la mítica Troya, demostrando su existencia histórica. Desde entonces, pocas zonas de Turquía han sido tan excavadas como Troya; excavaciones que han sacado a la luz nueve estratos arqueológicos que abarcan un periodo de cuatro milenios.

Troya I (3000-2600 a.C.). Su aspecto es el de una ciudadela fortificada construida directamente sobre la roca. Las murallas, reconstruidas y ampliadas en diversas ocasiones y dotadas de puertas flanqueadas por leones, encierran viviendas de una o dos habitaciones, precedidas por un pórtico.

Troya II (2500-2300 a.C.). La sede de un pequeño reino que prosperó gracias a las actividades artesanales (cerámicas, metales, oro, piedra) y a los intensos intercambios comerciales.

Troya III (2300-2200 a.C.) y Troya IV (2200-2050 a.C.). Mayores que los dos centros anteriores, con casas dispuestas en conjuntos irregulares separados por calles estrechas.

Troya V (2050-1900 a.C.). Presenta una planimetría especialmente regular, con edificios de amplias habitaciones rodeados por murallas fortificadas similares a las precedentes.

Troya VI (1900-1300 a.C.). Una población de influencia probablemente micénica se instaló sobre los asentamientos anteriores dando origen a una nueva cultura contemporánea a las de la edades del Bronce Media y Tardía de Grecia, que se caracterizaban por la aparición del caballo y el uso de la cerámica frigia. Troya VI, una próspera ciudadela fortificada, presenta unas robustas murallas de las que se pueden encontrar todavía restos bastante bien conservados, los cuales atestiguan que la ciudad fue destruida por un violento terremoto.

Troya VII a (1300-1250 a. C.) y Troya VII b (1250-1100 a. C.). Los dos periodos se distinguen por los distintos tipos de utensilios hallados.

Troya VIII (700 – siglo I a.C.). El emplazamiento volvió a ser ocupado por colonos griegos (eolos y tesalios) hacia el siglo VII a.C.; éstos crearon un modesto asentamiento, asolado en diversas ocasiones por invasiones y sometido alternativamente a los atenienses, espartanos y persas, en el que destaca únicamente el santuario de Atenea, donde también Alejandro Magno hizo sacrificios (334 a.C.). Troya VIII, que según Estrabón fue reconstruida por Lisímaco con el nombre de Ilion y dotada con un nuevo templo (probablemente encargado por Ale-jandro Magno), cayó primero bajo el control de los seleúcidas, para pasar más tarde a depender de la autoridad romana, y entre el 86-85 a.C. fue destruida por Fimbrias al haberse aliado con Sila.

Troya IX (siglo I a.C. – IV d. C). En esta ciudad reconstruida por voluntad de Julio Cesar con el nombre de Ilium Novum, residieron Augusto, Adriano, Marco Aurelio y Caracalla.

La ciudad descrita por Homero, al parecer se trata de Troya VI. Posteriormente griegos y romanos levantaros sus ciudades sobre las cenizas de la legendaria ciudad, convirtiéndose en un importante centro religioso. Hoy lo más destacable del yacimiento es la puerta y las murallas orientales de Troya VI, de la que se conservan unos 300 m y la Casa Pilar; y restos de templos y santuarios de épocas griega y romana.

xantos-viajes-turquiaXANTHOS

Xanthos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los lugares arqueológicos más importantes de Turquía. Ningún otro lugar como Xanthos para descubrir la extraordinaria variedad y riqueza arquitectónica funeraria del pueblo licio que supo incorporar influencias persas y griegas sin perder la originalidad de su arte, En Xanthos las sepulturas y monumentos funerarios licios lejos de trepar por farallones rocosos han quedado englobados en la ciudad romana.

En la franja costera del suroeste de Turquía, bañada por el mar Mediterráneo, se asentó el antiquísimo pueblo licio. Los licios de origen anatólico hablaban una lengua propia indoeuropea, muy similar a la de los hititas. Durante el II milenio a.C. gozaron de gran poder terrestre y marítimo, llegando a establecer un estado independiente. Las primeras referencias históricas son textos egipcios, hititas, ugaríticos que datan de finales de la Edad de Bronce (1500 – 1200 a.C.). En toda la historia de Licia vemos una constante lucha encarnizada contra aquellos que intentaban invadirlos o dominarlos.

Xanthos fue la ciudad más importante de Licia y la capital de la Federación. Los primeros vestigios de su existencia datan del siglo VIII a.C., pero su origen se remonta a la Edad de Bronce o inicios de la Edad de Hierro.

La ciudad creció en torno a un promontorio que domina el río Xanthos, sobre el que se ubicó la acrópolis licia. La primera noticia constatada de la resistencia licia data del 540 a. C, cuando el Imperio Persa, bajo el reinado de Ciro II, el Grande, invadió todo el Asia Menor. Los persas atacaron la capital de Licia y el pueblo de Xanthos lucho heroicamente, pero al final al no poder resistir eligieron el suicidio colectivo. Poco tiempo después la ciudad fue repoblada por unas 80 familias. Licia continuó bajo la dominación persa, pero en la práctica era casi independiente, permitiendo que fuera gobernado por sus propios dirigentes, siempre que pagasen el tributo a Persia.
La estabilidad política fomentó el crecimiento económico y fortaleció la región. En el año 480 a. C los licios contribuyeron con 50 barcos al ejército persa del rey Jerjes I, cuyo propósito era invadir Grecia.

Durante el año 468 a.C. Cimón, general ateniense, con una flota de 300 barcos, llegó a la costa sur del Asia Menor y expulsó a los persas de Licia y de la vecina Caria, pero la colonización griega no tuvo éxito. Aprovechando que Atenas y Esparta luchaban en las Guerras del Peloponeso, las ciudades de Licia (excepto Telmessos y Phaselis) se rebelaron contra la Liga de Delos, a la que desde el año 454 a.C. contribuían con barcos y tributos. Atenas no lo aceptó y en el año 429 a.C. envió una expedición contra Licia con el fin de obligarles a unirse de nuevo a la Liga, pero el líder de licio, Gergis de Xanthos derrotó al general ateniense, pasando nuevamente a dominación persa.
Fue durante este período (siglos V y IV a.C.) cuando fueron talladas las primeras tumbas licias en las rocas y su alfabeto tuvo una amplia difusión.

Las luchas dinásticas licias que se produjeron después, con el consiguiente cambio de poder y los intentos de rebelión, no fueron permitidos por el Imperio Persa, y Licia pasó a formar parte de la Satrapía de Caria, convirtiéndose en un territorio ocupado con guarniciones en lugares estratégicos y siéndoles impuesta una cultura helénica.
Alejandro Magno a su llegada en el año 333 a. C, fue bien recibido por los licios, que posiblemente le considerarón un “libertador”; Xanthos le abrió sus puertas voluntariamente y el resto de ciudades licias se sometieron sin violencia, e incluso varias unidades de caballería de Licia se incorporaron al ejército macedono. Tras su muerte pasó a manos de Ptolomeo (rey de Egipto) permaneciendo bajo esta dinástia griega más de cien años: a lo largo de este tiempo el pueblo licio perdió parte de su identidad, produciéndose una profunda helenización de su cultura: la lengua griega sustituyó al licio y en su arte se constata claramente la influencia griega.
En el 197 a.C. Licia fue liberada por Antioco III el Grande, pasando a manos del Imperio Seleúcida. Pocos años después iniciada la guerra entre este Imperio y el Senado Romano, Licia combatió junto a Antioco en la batalla de Magnesia, en el 190 a.C. de la que salió victoriosa Roma, quedando Asia Menor en sus manos. El Senado Romano en el año 167 a. C. garantizó a Licia un gobierno propio.

En el año 88 a.C. Mitridates VI, rey del Ponto, invadió el occidente de Asia Menor y mientras que era recibido como libertador, el pueblo licio fue leal a Roma y se resistió a su conquista. Cuando, cuatro años después, fuera derrotado por Roma, el Senado premió su lealtad reafirmando su independencia y expandiendo su territorio.
Licia fue victima de la lucha por el poder que se libraba en Roma al final de la República. En el año 42 a.C. Bruto recorrió a Asia Menor recaudando dinero y soldados. Licia se negó y fue atacada. Xhantos lucho ferozmente y ante su inferioridad, una vez más eligió el suicidio colectivo antes que la dominación. El ejército romano derrotó a Bruto, y Xhantos fue reconstruida.

Licia prosperó bajo el reinado de Augusto que comenzó en el año 27 a.C. cuando nombró a Marco Agripa administrador de las provincias orientales, comenzando un período benevolente y un gobierno pacífico.

El año 43 d. C, por orden del emperador Claudio, Licia fue anexada a la provincia romana de Pamphylia. Roma deseaba el control total de los suministros procedentes de Licia: madera de sus bosques de pinos y cedros, y trigo. Sin embargo, la Liga Licia continuó funcionando bajo un acuerdo especial del Senado Romano.

A principios del siglo IV, bajo el reinado de Diocleciano, Licia se convirtió en una provincia independiente. Durante los siglos I y II los emperadores Germánico, Vespasiano, Trajano y Adriano visitaron Licia.

A lo largo de estos siglos Lícia prosperó y experimentó un proceso de romanización; aparecieron los usuales monumentos del urbanismo clásico: ágora, calzadas, templos, arco triunfal, ninfeo, teatro..

Licia mantuvo su prosperidad los primeros siglos del Imperio Bizantino; durante ellos el cristianismo se propagó, que trajo importantes cambios sociales y culturales. Muchas de las antiguas ciudades licias se convirtieron en importantes enclaves bizantinos.
A partir del siglo VI una serie de desastres naturales, unos; externos otros propiciaron el declive de Licia. A mediados del siglo VI causó estragos en Anatolia, la conocida como “Peste de Justiniano” que permanecería durante doscientos años. La muerte, la despoblación, el abandono de los campos, el descenso de la agricultura y reducción de las ciudades… A esto hay que unir desde el siglo VII al IX las incursiones árabes –desafiaba la supremacía de la flota bizantina en el mediterráneo oriental– y la piratería que asolaba las ciudades portuarias, cuya población se vio obligada a desplazarse tierra adentro, quedando cortadas las antiguas rutas comerciales.

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