pamukkale viajes-turquiaPAMUKKALE

Pamukkale significa en turco “castillo de algodón”, nombre con el que se designa una formación natural de una belleza increíble. Toda una altiplanicie de unos 100 metros de altura respecto al valle fluvial compartimentada en piscinas naturales de travertino de diferentes formas y tamaños a distintos niveles.

El origen de esta maravilla geológica se halla en una fuente termal calcárea que brota al pie del cercano Çal Dagi, en lo que en otro tiempo fue el centro de la ciudad de Hierápolis. Durante siglos el manantial ha vertido sus calientes aguas en la altiplanicie. Estas, a en su desplazamiento se enfrían: el dióxido de carbono de evapora y el carbonato cálcico, que en un principio es una gelatina suave con el tiempo se endurece y se transforma en yeso duro (travertino) que se ha ido depositando a lo largo de toda la meseta, creando piscinas naturales de formas indefinibles y de extraordinaria belleza.
Las propiedades terapéuticas y la apariencia extraña de estos manantiales termales ya se conocían hace miles de años, antes de que los reyes de Pergamo fundaran aquí Hierápolis, en época de Eumenes II (siglo II a. C.).

Estas aguas tienen un efecto curativo sobre las enfermedades del corazón, la arteriosclerosis, la presión arterial, el reumatismo, los ojos, la piel, trastornos nerviosos, problemas circulatorios, enfermedades del aparato digestivo. Tienen un efecto diurético y facilita la expulsión de cálculos renales; propiedades terapéuticas descubiertas en la antigüedad que convirtieron su manantial en un “centro de salud” y propiciaron la aparición de la ciudad de Hierápolis, que en poco tiempo se convirtió en un centro de gran dinamismo, al que acudían, en busca de salud, personas de muy distinta procedencia.

A la belleza de este parque natural de une las magníficas ruinas de la antigua ciudad greco-romana de Hierápolis, restauradas recientemente por una misión arqueológica italiana. Baños termales de Pamukkale, ubicados en la altiplanicie, contienen la antigua piscina sagrada de Hierápolis, cuyas aguas brotan a 35°C.

Las curativas aguas termales de Pamukkale, apreciadas desde la Antigüedad siguen hoy convirtiendo a la zona en uno de los centros turísticos más importantes de Turquía.

santuario-de-appolo-didymaSANTUARIO DE APOLO EN DIDYMA (Didym)

En la antigua Grecia abundaban los santuarios donde se podían consultar oráculos que daban consejos sobre la conveniencia de fundar una colonia, comenzar una guerra, realizar un viaje, etc., y aunque el más famoso era el de Delfos, hubo otros, sobre todo el de Didyma, que rivalizó en importancia.

El templo de Apolo, tal como se puede ver hoy en día, se corresponde con el de la época helenística y se contaba entre los más impresionantes de la antigüedad. Aunque en ruinas, sigue siendo impresionante. El origen de un oráculo en este mismo lugar se remontan en el tiempo.

En el segundo milenio antes de Cristo, mucho antes de la llegada de los griegos a Anatolia, ya existía un oráculo en Dídyma, donde junto a un manantial y un pequeño bosque tuvieron lugar ceremonias rituales. Los colonos jonios llegados en el siglo XI a.C. importaron el culto a Apolo, que se impuso rápidamente. El primer Templo de Apolo fue construido en el s. VIII a.C. y en el siglo V a.C. era uno de los principales oráculos del mundo griego. Cada cuatro años el Santuario se convertía en el centro de la Didymeia, un festival musical, de teatro y juegos atléticos en honor a Apolo, reuniendo a los habitantes de todas las ciudades jonias. Los peregrinos eran sometidos a un rígido ritual, tenían que purificarse en el agua del pozo sagrado y pagar un impuesto; después se sacrificaba un animal en el altar circular, antes de comenzar el verdadero rito de consulta. Más tarde, un sacerdote sometía a las preguntas a una profetisa, tras haber ayunado varios días y purificado con el agua del pozo. Los mensajes inspirados por Apolo eran traducidos a un lenguaje comprensible y los sacerdotes los entregaban a los peregrinos.

La rebelión de las ciudades jónias afectó gravemente al Santuario de Didyma. Controlada la revuelta, el rey persa Dario, en el año 494 a. C. destruyó su templo y saqueó sus inmensos tesoros, entre ellos la estatua sagrada de Apolo que fue llevada a Ecbatana. A pesar de ello el oráculo siguió activo, hasta que Alejandro Magno (en el siglo IV a.C.) en su expansión y conquista del Imperio Persa, llegó a Didyma, ordenó la edificación de un nuevo templo y se propuso restituir la sagrada estatua de Apolo, conseguido a principios del siglo II a.C. Los colosales trabajos del Santuario continuaron durante siglos bajo el poder de los Seléucidas.

Los romanos contribuyendo a su edificación durante 500 años, pero el templo nunca llegó a completarse y el Edicto de Teodosio, en el 385, prohibiendo toda práctica religiosa pagana, puso fin al Oráculo. Con la llegada del cristianismo, las obras se interrumpieron definitivamente y se erigió una basílica en el interior del ádyton que tuvo poco continuidad. Los terremotos y la utilización de sus ricos materiales dejaron una profunda huella, sin embargo sus colosales ruinas aún siguen siendo impresionantes.

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